Desconfiar, un verbo que en vez de conjugar es necesario conjurar

Conversar, encontrarse, mirarse y reconocerse pueden ser la mejor estrategia para creer y volver a confiar.

Por Juan Carlos Luján Sáenz

Parece que quisiera “emboscarnos” en cualquier espacio: en las redes sociales, al tomar un taxi, cuando alguien nos aborda en la calle, en un almacén, al comprar algo por internet, al escuchar el discurso de algún político. No solo irrumpe cuando su frágil antónima pierde la partida, sino que se ha vuelto recurrente en un entorno en el que se hace cada vez más complicado creer en el otro. La “desconfianza” no es nueva, esta palabra, concepto, antivalor o problema pareciese andar con unas tijeras cortando lazos, redes, interrumpiendo conexiones, alejando propósitos…

En Colombia se le conoce bien. Y cual cometa que se acerca a una estrella en un recorrido por el espacio, su estela aumenta cuando asistimos o nos acercamos a una contienda electoral, escenario en el que parece “brillar” aún más. Se diría que podría enfrentarse con la verdad, pero algunos se preguntan cuál verdad y, entonces, el asunto se complejiza. Sin embargo, hay acuerdo en que es posible afrontarla generando conversaciones, escuchándonos, mirándonos a los ojos, por más diferencias que existan, pues cuando sabemos quién es el otro, cómo piensa, qué quiere o cómo vive, la desconfianza empieza a esfumarse para darle paso al hecho de confiar.

“Vivimos una crisis de confianza, pero puede ser una crisis fecunda siempre que la abordemos juntos. La pregunta que nos puede orientar es, ¿qué debemos hacer? La clave es conversar. ‘Quien conversa, confía’ fue uno de los hallazgos de Tenemos que Hablar Colombia, plataforma de diálogo que contó con las voces de más de cinco mil colombianos”, explica Adolfo Eslava Gómez, decano de la Escuela de Artes y Humanidades de EAFIT, quien ha abordado el tema en múltiples espacios. Para él, “el contexto de las elecciones locales de 2023 es una oportunidad para hacer frente al fenómeno de la desconfianza, fundado más en percepciones que en argumentos, mediante conversaciones alrededor de lo que nos motiva y moviliza como ciudadanía”.

¿Conversar? ¡Conversar!, un acto tan cotidiano como antiguo, y en el que cree Santiago Londoño Uribe, coordinador de la Tejeduría Territorial (un proyecto que nació durante el estudio de su maestría en EAFIT), profesor e integrante del Consejo Superior de EAFIT. “Hay que darle el valor a conversar, a sentarse, a tomarse el tiempo, a mirarse a los ojos y a reconocer al otro desde la horizontalidad”, dice y agrega que las conversaciones no deben ser coyunturales, sino hablar siempre, de lo bueno, lo malo, lo regular y de construir confianza de manera sostenida. “Los daños que nos dejaron llegar hasta acá no son coyunturales, son estructurales”.

Sobre cómo llegamos a este escenario, Santiago Silva Jaramillo, profesor de EAFIT y gerente de Tenemos que hablar Colombia, se refiere a dos “sospechosos” o posibles explicaciones. El primero son los imaginarios y creencias colectivas. “Por ejemplo, las imágenes que los colombianos tienen sobre otros colombianos suelen ser definidas por la desconfianza”. A esto se le suma la sabiduría popular que se centra en la viveza, la trampa o el aprovechamiento. “Si desde niños nos dicen que ‘el vivo vive del bobo’ o que ‘a papaya dada, papaya partida’, es mucho más difícil que veamos en el otro a un igual moral, que es el punto fundamental de la posibilidad de la confianza”. La segunda explicación de la desconfianza, dice, responde a asuntos históricos, como “las relaciones complejas con los gobiernos, las crisis y las dificultades de establecer regímenes políticos que sean capaces de resolver problemas colectivos, desigualdades económicas, y en el caso colombiano, la violencia”.

«Hay que darle el valor a conversar, a sentarse, a tomarse el tiempo, a mirarse a los ojos y a reconocer al otro desde la horizontalidad». 

                        Santiago Londoño Uribe, coordinador de la Tejeduría Territorial

Para él, la conversación, con el encuentro, permite alinear expectativas. “Hay que buscar todas las posibilidades para mostrarnos constantemente que los otros ciudadanos son tan confiables como nosotros mismos”. A su vez, subraya que la gente necesita tener la experiencia práctica de acercarse a personas diferentes, porque, en esa diferencia, aprende a encontrar piso común. “En esa similitud existe la posibilidad de la confianza, inclusive la discusión incómoda es relevante cuando es capaz de identificar dicho piso común”.

En la sinceridad también cree el rapero, agricultor urbano y coordinador de la Tejeduría Territorial, AKA, un graduado de la maestría en Estudios Urbanos y Ambientales de EAFIT que enfatiza en que deben desmontarse los protocolos institucionales y acercarse a los territorios. En sus palabras, la crisis profunda que se afronta puede superarse juntando las inteligencias colectivas, hablando en lugares públicos y propiciando espacios para ello. “Los prototipos, de los que surge la desconfianza, se desmontan con cotidianidad y con encuentros”.

Todos coinciden en que la conversación es el vehículo para el cambio social que merecen nuestras realidades locales. En ese vehículo es posible superar los asedios de la desconfianza para que en vez de vivir a la defensiva, sea posible seguir creciendo.

Las conversaciones no deben ser coyunturales, sino hablar siempre, de lo bueno, lo malo, lo regular y de construir confianza de manera sostenida.

Conversaciones que suman

Sí es posible creer y confiar

Hablemos Medellín.

Esta es una conversación social masiva sobre el futuro de la ciudad en la que se recogen ideas, preocupaciones, propuestas y posibilidades de acción para desenredar a Medellín.

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Liderario.

La iniciativa de Liderazgo Público Liderario es una plataforma que integra un programa de educación ejecutiva no formal. Su objetivo es consolidarse como un espacio de conversación y reflexión sobre los retos públicos de la ciudad y la región.

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Tejeduría Territorial.

Plataforma de trabajo colaborativo de diálogo que quiere explorar el modo en el que las empresas, las organizaciones y líderes sociales, y la academia interactúan con otros actores en el territorio. Es un trabajo de exploración a través del diálogo.

*Este artículo se construyó con el aporte de Adolfo Eslava, decano de la Escuela de Artes y Humanidades; Santiago Silva, gerente de Tenemos que hablar Colombia y profesor de EAFIT; y Santiago Londoño y el Aka, coordinadores de la Tejeduría Territorial, un proyecto que nació como trabajo de grado de una maestría en EAFIT.

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.